

“Hubiese sido maravilloso que permanecieras aquí, escondidas tus pestañas tras una cortina, creciendo lento, pegando tu cara a la mía como todo este musgo al concreto. Tal vez así, hubiese tenido la valentía de escuchar algún cuento que nos recuerde el mar y sus gaviotas, sus frágiles pasos golpeando nuestro techo de tejuelas. Prometo que nadie enloquecerá en esta ciudad, que podremos encontrar la belleza en este nuevo ordenamiento, a pesar y por encima de todo este cemento”. A.W.







